por Hugo J. Vélez Astacio  de Panamá

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Muy de mañana con la alegría, que ese día domingo a inicios del mes de diciembre del corriente año, nos tocaba según acuerdo familiar, a nosotros celebrar en nuestra casa el canto reverencial  que por maravillosa tradición religiosa,  solo en Nicaragua se le canta a la Virgen María con el grito fervoroso de, “¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María!!!”; ese día salí a admirar la bella aurora que la naturaleza nos regala con la luz del sol naciente que posándose como ave con dulces cantos en los verdes árboles sedientos de libertad y de vida, nos vigorizan vitalizándonos como fuente del rio que fluye entre la montaña.

Plácidamente me senté reclinándome en una silla abuelita, que de mi finada y muy querida recordada madre conservo; con la inocencia e inquietud propia de un niño feliz que desea saber y enterarse, me animé a confrontarme con la realidad que el mundo nos deparaba, e  inicie leyendo las noticias internacionales del día, destacándose ciertos detalles de los horrores de la guerra impuesta en Ucrania, ante la invasión de la Rusia putinista que está causando, y una que otra reacción de los paises europeos que con sentido solidario de forma unitaria, prudentemente se están manifestando.

Pasé luego a leer las noticias nacionales alterándoseme la presión por la sorpresa de leer de manera destacada mi defunción. Indicaba así: “Una noticia que entristece a la Roca del Periodista Nicaragüense: Falleció nuestro buen amigo y muy conocido escritor Hugo Vélez Astacio. Nuestras más sentidas condolencias a toda su apreciable familia y a todos los miembros de La Roca del Periodista Nicaragüense, así como a sus amigos en general. QEPD.”

A mi mente se hicieron presentes las diversas ocasiones en que la siempre despreciada me ha rondado, como aquella vez que murió quien me acompañaba, al ocurrir el terremoto del año 72. No me encontraba en la raya. O cuando en el 2017 al hablar con la elocuencia del silencio, ante lo irremediable, después de  haber  sido  tocado  por  Ella,  en  la oscuridad de las tinieblas camino hacia el momento de la nada, Ella, no me atendió por estar ocupada recibiendo a tres que no tuvieron tiempo de confesarse, y cuando en 2021 ante la afectación seria, y muy grave del Corona Virus, San José no me quiso dar la Visa de entrada.

Por igual recordé como dariano que soy, el suceso que dio lugar a la noticia de la muerte por suicidio junto a una hermosa dama en 1896 de José María Vargas Vila, que motivó a Rubén Darío realizar un artículo necrológico publicándolo en el Diario La Nación de Buenos Aires el 26 de febrero de 1897 titulado: “Un suicidio romántico. José M. Vargas Vila”, llamándole tanto la atención a Vargas Vila “por lo bello y lo sincero” y la manera “transparente y noble”, que hizo limar la aspereza, la aguda antipatía y el rencor que tenía contra Darío, por desacuerdo de haber aceptado Rubén ser nombrado Cónsul de Colombia representante del gobierno de Miguel Antonio Caro ante la Argentina, por recomendación del expresidente Rafael Núñez con quien discrepaba políticamente de manera acremente.  Previo en 1894 Vargas Vila había despreciado de manera molesta no atender invitación de José Martí, al propiciar éste un encuentro entre los dos (Darío y Vargas Vila) cuando Darío pasaba por New York rumbo a Europa.  Aquí el último párrafo del artículo de Darío que hizo unir las manos de dos artistas: “Este suicidio de los amantes, igual en un todo al del príncipe Rodolfo, pone a la memoria del poeta una rosada gloria. ¡Amable enemigo mío! Como en la tumba de la Afrodita de Pierre Louys, tendría un epigrama conmemorativo y sonoro, en griego de Nacianzo; y dejaría para ti y para tu bella desconocida -¡así tendrías a Venus propicia!- ¡rosas, rosas, muchas rosas!”.

Pasados unos días del suceso de mi supuesto abrazo con Ella, un amigo que leyó mi artículo que entre otros dice: “Hacer reír con arte es asunto de grandes ingenios, nos dijo el autor Manco de Lepanto, el mismo creador de El Caballero de la figura triste, que en su mensaje del loco del Quijote, nos da prueba que el humor es saludable, elimina las tensiones y aleja la muerte”, me dijo en broma y algo de serio, que al conocer la supuesta infausta noticia, se había contactado con el Museo de Hombres en Paris, para que en un frasquito de vidrio,  mi cerebro le hiciera compañía al de Paul Broca, a lo que yo muy seriamente le conteste: que esperara y este muy atento de mi próximo escrito, que a propósito del aniversario de Rubén Darío, daré a conocer un dato muy interesante sobre el misterioso destino de su cerebro, que supuestamente está en la imponente Catedral de León.

30 Diciembre 2022

Información de citado

Hugo J. Vélez Astacio, 07/01/2023, Aquí contándoles el cuento, Blog de Panamá Poético https://panamapoetico.com/blog

 

Sobre el autor y el traductor de la nota

Hugo J. Vélez Astacio.  Originario de Chinandega, Nicaragua. Cursó estudios de Administración de Empresas en la UCA y obtuvo el Programa de Alta Gerencia (PAG) en INCAE Alajuela, Costa Rica. Después de estar al frente de la  Gerencia General de varias empresas e industrias fue Director General de Transporte Terrestre (DGTT-MTI). Actualmente Escritor e historiador. Ha sido colaborador de artículos de opinión del diario “La Prensa” (LP). Autor de nueve libros publicados. Como dariano amante y estudioso de la vida y obra de Rubén Darío, ha publicado dos obras.

 

 

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