Poema: Epopeya de las comarcas

Autor: Javier Alvarado

Ya la luz se habrá posado sobre los árboles hundidos como una temible dehesa.
No recuerdes esos pasos que se abrieron y se agigantaron para reconocer a la montaña.
Escaparíamos de los metales y de las piedras preciosas,
Mientras nuestras leyendas duermen sin importar la canción y el precipicio,
Esa agitación que nos devuelve a la tempestad sangrienta,
Un rayo que destierre la enfermedad de otros visitantes,
Un fuego plano que atraviese el cañaveral y las aguas.
Así estarás tú, ahora que hay verano, ahora que hay invierno y no llueve;
Que se ha ido para siempre la congoja que hincha los lirios,
Que nos hemos puesto a llorar y que el río ha decidido salir de nuestros ojos
Y de nuestros ojos sale abundante leche de sapo,
Una leche de sapo
Que enceguece a las estrellas, a la voluntad de las membranas, a los caminos donde nos perdemos
Al cuartearse nuestro sollozo sobre el barro implacable. Ya no hay río.
Ya no hay tierra. No hay sentimiento ni melcocha. Acampemos y durmamos
Cerca de mi casa. Mi casa está bajo el agua. Allí crecí.
No tengo a donde ir, a donde morar, a donde emigrar,
Ya no somos aborígenes, ya no somos indígenas,
Ya no somos cholos,
Ya no somos amerindios isleños norteamericanos centroamericanos o sudacas.
No hay visita a nuestros muertos, cuando ha quedado el cementerio bajo el agua,
Las moradas familiares junto al delirio de no tocar las piedras
Dimensionadas por nuestros ancestros. Así hemos venido en marcha todos,
Descalzos con la tierra, el agua a las rodillas
A ver como se inunda el cementerio comarcal y dejar en esa caminata
Algunos versos algunas ofrendas que deleiten y despidan al Tata y a la Mama
A los hermanos
A los pájaros terráqueos, a las iguanas del aire, confundiendo algún reloj
O alguna pavana en marcha.
Bajo mis pies
Están los restos mojados de mis padres. Ya no podré tocar nada que nos retraiga
Como la tierra o el recuerdo del lodo y las hierbas silvestres.
Más pequeños nos hacemos
Cuando el proyecto de la hidroeléctrica inundó nuestras chozas
Y el tributo a los que habitan el otro plano, la pradera de otra realidad. Ahogados todos.
Ahogada mi historia. Ahogada tu historia. Ahogada nuestra historia.
Ahogado el sol.

(Del Himno de las Desapariciones)

[wp_ad_camp_1]

Pin It on Pinterest

Comparte esto

Podría ser útil para tus amigos