Poema: Rogativa por la lluvia

Autor: Javier Alvarado

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera
Francisco Madariaga

Mi padre saloma bajo la lluvia
Y no cree en las profecías
Que se devienen del guaro.
Espera que alguien salga desde las tinieblas
Portando un vaso de luz en medio de la tierra roja.
Hace mucho calor e imploramos que cese el periodo
De las sequias.
Hay animales recuperando la copla,
Recobrando el aleteo en medio de nuestras sombras que se aman.

Yo escucho la saloma de mi padre como si fuese el himno
De una cascocha acercando el cuerpo del agua,
Como si fuese una caravana etérea de arrieras voladoras.
La tierra misma lo espera con ese lamento del totorrón
Cargado de yerba,
Con ese lenguaje de los espejos que se abren
Y que convidan al instante pleno de dormir,
Al instante tembloroso de todo despertar.

Hace un instante que empezó a vibrar el tejado
Con el sonido de falanges chasqueadas que se mojan.
Algunas ranas habitaron el estanque del poema.
Mi casa es un estanque donde deambulan
Los sapos; donde se rememora esa danza de la orquídea flotante
Como un inmenso patio nublándose de peces, como un inmenso prisma forjado por raíces.

Llueve y esta vez recorremos los caminos y los viajantes que se fueron,
Los que nos dejaron alguna centella en la piel,
Algún parto
Innumerable
Para los caimanes cómicos que cuidan a los niños,
O un enjambre en los deseos que repiquetee con la vieja campana
Acostumbrada al lambisqueo del sol.
Yo estoy implorando desde mi cuarto seco la caída del agua.
Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera.
Mi madre la demanda desde la cocina
Calculando
La música de las lentejas, el orgasmo verdulero de la sopa.

Yo escucho la lluvia caer
Y algunos fantasmas zapatean llamando al trueno.

Se oye una invocación
Y es mi padre que saloma.
Es él recobrando el canto del hombre,
Es él pactando nuevamente el agua para la tierra,
Es ese japeo la ambientación de nuestras sombras que se aman.

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